martes, 18 de febrero de 2014

La vida es una colección de recuerdos.

Algunos días son especiales porque salís con personas, vas a lugares nuevos o que te gustan mucho, comprás cosas que querías tener o cosas que no sabías que ibas a querer.

Totalmente dominado por la pereza de salir de mi casa,  por varios días evité ir a retirar unas cosas que había comprado más por el impulso o la necesidad de comprar, que porque realmente me moría por tenerlas.   Finalmente, se acabó el tiempo y no me podía dar el lujo de aplazarlo más tiempo.

Como si no fuera suficiente ir por algo que no me emocionaba, me tocó esperar mucho tiempo al vendedor, caminar en un día soleado y sentarme al lado de un par de "emos" que no pararon de morbosearme.

Finalmente salí de lo que consideré un infierno por unos minutos y al empezar a caminar para regresar, pasé por un lugar que hizo que mi día fuera más lindo, que olvidará lo que había pasado minutos atrás y que me riera como un niño.  Una tienda de recuerdos, según leí en la puerta "un lugar para coleccionar buenos momentos" o en mi caso, coleccionar y ya.



No hay comentarios:

Publicar un comentario