Fui y vine muchas veces hasta Haedo, un lugar no muy lindo para ser honesto, pero del que siempre regresaba contento, con una notable sonrisa en la cara.
No era algo que deseaba totalmente, ir en un tren lleno de personas con aspecto de pocos amigos, con ropa dudosamente lavada y con vendedores sorpresa, personas que iban a mi lado y de repente estaban ofreciendo medias, jugos, libros o chocolates.
Me vi con Martín aproximadamente 4 veces y fueron largos viajes o por lo menos se sentían largos porque el trayecto era poco prometedor, pero sin importar eso, fui las veces que fue necesario, porque él siempre tenía algo interesante para venderme.
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