jueves, 21 de noviembre de 2013

Un piercing casi perfecto.

Hace casi 3 meses que dejé en quien sabe dónde mi piercing de mentón.   Sin extrañarlo mucho, ayer decidí volver a comprarlo, nadie sabe por qué.

Hoy cuando me desperté, arreglé mi horario de tal manera que tuviera el tiempo de ir a buscarlo, sin prisa, sin nada que me afanará ni me hiciera tomar cualquier decisión a la carrera, y pues para mi sorpresa, lo compré de la manera más rápida del mundo y literalmente, en la esquina de mi casa.

Aprovechando que todo fue tan inmediato, me fui a mirar librerías y cosas con las que uno se puede entretener un rato mientras pasa el tiempo, pero que no son trascendentales ni prioritarias.   Así llegué a una tienda de películas, en la que como cosa común, me aclararon no tener nada de Madonna, que es lo que siempre pregunto al entrar.

Según mi experiencia, encontrar cosas de valor para mi y del montón para los demás es cuestión de untarse las manos de polvo, mugre y cualquier antibacterial barato que es lo que le dan a uno cuando se despide.   El caso es que como siempre, ser un desconfiado, antojado y enfermo por cosas nuevas me dejó esta vez una buena película, de esas que ni pensé conseguir pero que no habría sido capaz de dejar en la tienda a menos de no haber tenido la plata.


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